La existencia del “Phono sapiens” con 2 mil millones de usuarios moldea nuestra vida. ¿Hemos ido demasiado lejos?

Artículo de Javier Salas, publicado en EL PAIS SEMANAL

En 2007, Steve Jobs deslumbró al mundo con un aparato llamado iPhone, una década después los teléfonos inteligentes se han propagado por el globo. Más de un cuarto de la población mundial se conecta a Internet a través del móvil. Su uso moldea nuestra vida, nuestro comportamiento, nuestras relaciones. La existencia del “Phono sapiens” es un hecho.

Enrique Echeburúa, catedrático español de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, España, opina que “empezamos a ver abuso del móvil tanto en adultos como en jóvenes, pero nos centramos más en estos porque preocupa que no tienen un desarrollo cerebral, emocional y vital completo, con una vida inestable, en su formación hay más riesgo”.

Los estudios que tratan de identificar la gravedad y el tamaño del problema hablan de cuadros de ansiedad en estudiantes que pasan horas y horas atrapados por la atención del aparato. De adolescentes con síntomas depresivos cuando se les veta el acceso a su mundo digital. De jóvenes que abandonan sus estudios y cuya dependencia psicológica hacia el aparato provoca deterioro familiar. De problemas de agresión, fobia, trastornos de sueño, soledad y aislamiento social.

FOTO3rgbXavier Carnonell, de la Universidad Ramón Llull, especialista en este asunto, reconoce que hay que tomar medidas higiénicas y de psicoeducación para aprender a usar bien los móviles dentro de unas pautas saludables. Conviene recurrir a la psicología social para dar contexto. Cada nueva tecnología, desde la imprenta hasta la televisión, ha generado un rechazo previo que tiende a considerar un trastorno el cambio de hábitos que genera.

The New York Times publicó un revelador artículo de Sherry Turkle, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que era un resumen de su libro En defensa de la conversación, en el dice que “un estudio mostraba una caída del 40% en la empatía entre los estudiantes universitarios en los últimos 20 años, medida con pruebas psicológicas que atribuyen el poco contacto directo cara a cara los unos con los otros por el uso del móvil”.

Turkle insiste en su libro: “Ten presente el poder de tu teléfono. No es un accesorio. Es un dispositivo psicológicamente poderoso que cambia no solo lo que haces, sino quien eres”.

Steve Jobs aseguró que ese aparato que sujetaba, el iPhone, iba a cambiarnos para siempre. Pienso que tenía mucha razón, mientras consulto la app de la guardería para saber si mi hija ha dormido su siesta.